T. DEIROS
Apoyada en un quitamiedos, a pocos metros de donde Melilla se convierte en Marruecos, su figura es la estampa misma del agotamiento y la derrota. La mujer se enjuga el sudor con una esquina de su pañuelo y se endereza, todo lo que le permite el paquete enorme, inmenso, que lleva atado con cuerdas a la espalda. Luego, con el tronco encorvado, emprende penosamente la marcha: un pasito, diminuto, luego otro, hasta llegar a la jaula: el nombre que le dan las porteadoras marroquíes a los torniquetes que dan acceso a este paso fronterizo de Melilla.
Miembros de grupos de izquierda andarán 1.700 kilómetros para clamar contra la reforma laboral
Ahora que tanto se habla de eso que llaman “refundación de la izquierda”, me gustaría aportar un par de ideas que seguro que están en la cabeza de muchos. Me refiero a cuestiones como la que durante los últimos años ha hecho que las organizaciones políticas y sindicales de izquierda hayan perdido un enorme potencial militante, de gente que ha tirado la toalla al ver que sus asambleas locales o regionales fueran secuestradas por trileros y sanguijuelas, liberados y cargos públicos que piensan que las organizaciones políticas y sindicales de izquierda son una oficina de empleo.
La izquierda, y concretamente la organización en la que milito, está llena de jóvenes y mayores, comprometidos con una causa común a la que sitúan por encima de sus intereses particulares. Muchos jóvenes que no buscan liberaciones, no buscan cargos, no buscan vivir de la política, y trabajan como nadie – sin irme muy lejos ahí están mis camaradas de la Juventud Comunista del País Valenciano, con un trabajo ejemplar en la federación en la que milito -. Las liberaciones políticas son necesarias siempre y cuando sean para dejarse la vida por la organización, y por supuesto, no estoy en contra de ningún cargo público, ya sea concejal o diputado, siempre y cuando sea leal a su organización, a un proyecto, a la izquierda y a la clase trabajadora, y no se comporte como un miserable a su propio servicio. El problema viene cuando la liberación o el cargo se convierten en el objetivo de determinados personajes, a veces incluso demasiado jóvenes. Y es que hay “jóvenes” y “jóvenes”, y ya estamos demasiado acostumbrados a escuchar el discurso de la “renovación generacional” por parte de individuos que lo que realmente quieren es una “renovación de plantilla”.
Frente a éstos están quienes se pasan la vida pegando carteles, recorriéndose las fábricas, los centros de trabajo, pateándose las calles y partiéndose el pecho y hasta la cara por una causa, de la que además, no tienen pensado vivir. Ese es el verdadero tesoro de la izquierda, de cualquier organización de izquierdas, que debe ser responsable de elegir a los mejores, a los más comprometidos, a los más preparados y a los más honestos, no sólo para las candidaturas electorales, locales, regionales o nacionales, sino para el trabajo dentro de la propia organización.
Se avecinan tiempos muy difíciles, y habrá que dar respuesta a una situación que nos va a poner a prueba a todos, especialmente a los cientos de miles – incluso millones – que nos opongamos frontalmente a un régimen que va radicalizarse y a hacerse aún más voraz. No valdrán las medias tintas, será él o nosotros. Y no nos servirán vagos, cobardes y vividores, serán tiempos de activistas, militantes y dirigentes de hierro, si no queremos perecer. Al tiempo.
Por Javier Parra laRepública.es
Se ha conocido gracias a su publicación en el BOE, no a través de un anuncio oficial del Ejecutivo
Un tribunal federal estadounidense autorizó este martes a miles de empleadas de Wal-Mart, la mayor cadena de ventas minoristas del mundo, a que presenten una demanda contra la empresa por discriminación de género.
Las mujeres alegan que sus salarios, por las mismas funciones, son menores que las de los hombres y que reciben menos ascensos.