Represaliados de la II República
La emigración en la Guerra Civil
Coordinadora victimas del franquismo
Las mujeres han sido durante años las grandes silenciadas del franquismo. Ni la Ley de Memoria Histórica se acordó de ellas. No fue hasta el año pasado cuando la Junta de Andalucía las reconoció por primera vez como víctimas oficiales de una dictadura que les arrebató los derechos adqui-ridos, no sin dificultades, en la II República. Las asociaciones memorialistas ahora promueven un nuevo homenaje a través de los Lugares de Memoria Histórica, una figura recién creada por el Gobierno andaluz para dignificar, proteger y catalogar los puntos donde sucedieron hechos violentos.

Más de un centenar de personas se dieron cita el martes 1 de noviembre, convocadas por el Fòrum per la Memòria del País Valencià, para rendir homenaje a las víctimas del genocidio franquista enterradas en las fosas comunes del Cementerio General de Valencia. Familiares de represaliados, miembros del Fòrum y ciudadanos que, simplemente, querían denunciar una vez más la existencia de las consideradas como las mayores fosas de toda Europa han señalizado con carteles informativos las distintas secciones, algunas de ellas ya irreparablemente perdidas por la construcción de tramadas de nichos, que la dictadura utilizó para arrojar los cadáveres de la sangrienta represión que continuó tras la victoria fascista el 1 de abril de 1939.
Los distintos carteles contenían la superficie total de cada fosa, el número de víctimas registradas en ellas y, en algún caso, una representación de los nombres de las personas enterradas en el lugar. Pero, por lo visto, en esta ciudad es imposible informar, recordar, hacer un uso libre y respetuoso de la libertad de expresión según en qué casos. Y es que gran parte del recorrido estuvo “amenizado” por los altavoces de la capilla del Cementerio, la cual, desde el justo medio del mismo, parece tener el monopolio de la palabra en este Estado supuestamente aconfesional y que nuestras autoridades municipales parecen también entender como excluyente.
Por contra, los carteles informativos fueron arrancados por operarios del Cementerio, en una persecución más propia de regímenes dictatoriales, conculcándose, de nuevo, por parte de los responsables municipales, un ejercicio básico de algunos derechos elementales: la información, la expresión y, en este caso, el recuerdo y el homenaje a las víctimas de una represión que continúa siendo negada, deliberadamente condenada al olvido y a la intrascendencia. A ello se unió también la prohibición, por parte de la Policía Local, de continuar con la labor informativa que representaban los carteles, apelando a ciertas Ordenanzas que, en ningún caso, prohíben señalizar respetuosa y pacíficamente lugares, como además en este caso, tan simbólicamente definidores de la realidad de este Cementerio.
A los ciudadanos y ciudadanas de la ciudad de Valencia se nos condena a seguir fielmente las pautas establecidas por el poder municipal. Un poder éste empeñado en perseguir cualquier manifestación que resalte la aportación de todos los muertos de las fosas a la dignidad democrática. Pues no otra cosa representan los ciudadanos y ciudadanos allí depositados: la conciencia de una sociedad libre y el exterminio de unos valores democráticos que, ahora, también dice representar el Ayuntamiento de Valencia. Pero que niegan por la fuerza, la arbitrariedad y el autoritarismo más condenables.
Debemos denunciar públicamente el acoso, la persecución, la interpretación restrictiva y paralizante de unas normas sólo para unos casos determinados –siempre para los mismos casos- y la específica represión que siempre recae contra los mismos ciudadanos y ciudadanas, unidos con el resto de personas que visitaban a sus familiares muertos el día 1 de noviembre. Y esto, sin perjuicio de las acciones legales que puedan derivarse ante este abuso de autoridad, patente muestra del talante antidemocrático de sus últimos responsables.
Hija de campesinos, su padre primero fue socialista y miembro de UGT, y luego comunista, llegando a ser uno de los activistas izquierdistas más importantes del pueblo. E1 14 abril de 1931, Piedad, a los once años de edad, celebra en la alameda del pueblo con banderas republicanas y en compañía de familiares la llegada del nuevo régimen. Desde ese día, se une a todos los movimientos de mujeres en el pueblo. En 1936 acude a votar, por primera vez.
Al estallar la guerra, Piedad pertenece ya a la JSU. Tras la rebelión militar, el 25 de julio marcha con varios compañeros a Madrid para ayudar a recuperar el Cuartel de la Montaña, que ha sido tomado por los fascistas, aunque cuando llegan ya ha sido recuperado por el pueblo de Madrid.
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El lunes 31 de mayo, se presento en el salón de actos del Ministerio de Cultura un portal digital que da acceso a 750.000 informes de represalidos por el regimen fascista de Franco y sus cómplices. Se hablo también de que sólo los ficheros de la llamada "Represión de la Masonería y el Comunismo" contenía tres millones y medio de fichados y se dijo que en total se esperaba documentar cuatro millones cuatrocientos mil represaliados. Antes morir que otra dictadura.
El portal, que de momento solo llega hasta la "G", es un importante esfuerzo pero insuficiente y tardio pues, cuando esté terminado probablemente ya no quedará viva ninguna de las personas que vivieron la Guerra de España y, de los represaliados durante la larga noche del fascismo, quedarán ya pocos. Tiene, además, el inconveniente, de que no es posible acceder a los importantes archivos del ejército ni de prisiones, con lo cual, ustedes me diran si se completa la memoria historica.
En fin, tarde y mal y si el PP llega a gobernar, a lo peor se convierte en nunca.
Familia Tornero. "Enterraron a mi familia como si fueran perros"
Los pistoleros de Falange se ensañaron en el verano de 1936 con la familia de Lucio García Tornero. “Asesinaron a mi abuela Florentina, a dos de mis tías y a otro tío”, explica este extremeño de 67 años. “Todos eran jornaleros del campo, todos analfabetos. No sé qué compromiso político tuvieron, pero seguro que mi abuela no pertenecía a ningún partido”, reivindica.
Las mujeres de la familia Tornero Quintana sufrieron la peor de las represiones. “Las detuvieron, las sacaron a barrer las calles, les raparon la cabeza y les dieron aceite de ricino”, explica Lucio. Todo el pueblo pudo ver la humillación de sus tías y su abuela, que además fueron puestas a recolectar yerbajos en los bordes de los caminos.
“En el caso de mi familia, fueron los propios falangistas del pueblo los que se encargaron de fusilarlas. Y encima no lo hicieron de madrugada como en otros asesinatos sino que lo hicieron a plena luz del día. Mi familia vivió siempre en el pueblo conviviendo con los verdugos que los enterraron como perros y ahora no nos han dejado llorar”, lamenta.
Lucio sólo ha podido sacar una conclusión de la reconstrucción histórica del drama familiar: “Los falangistas buscaban lo que les pidió el general Mola, sembrar el terror haya donde hubiera enemigos. Si no, no se explica”