















El grito más escuchado fue ¡vergüenza!. Vergüenza, porque se juzga a un juez, que a pesar de ser polémico y en algunas ocasiones querer ser la estrella que más brilla, ha tenido el valor, nada desdeñable, de enfrentarse a la extrema derecha judicial que es la que manda en los juzgados españoles. Temerosa, quizás, la judicatura española de que salga a cuento todo lo que no hicieron en la Transición para aclarar los crímenes de la dictadura, su obligación al cabo, pues ese es su trabajo. Pero, quién sabe, si estos crímenes se hubieran aclarado en aquel penoso tiempo no hubieran tendido que responder muchos de ellos, tal vez casi todos, como cómplices de los crímenes del franquismo.
Se dice ahora, que de aquellos compañeros de Garzón que durante la dictadura estuvieron en el Tribunal de Orden Público, no queda ninguno en activo. Es posible, pero si salieran a relucir conductas delictivas de aquellos jueces que colaboraron en la represión sangrienta contra todo un pueblo, represión que se extiende hasta los asesinatos el 27 de septiembre de 1975, lo primero que quedaría en entredicho sería el valor de la Transición, pilar que sostiene el Estado monárquico. ¿Que hizo el rey para hacer justicia a los cientos de miles de represalias?
No obstante, debemos decir, que el juicio a Garzón por querer investigar los crímenes franquistas, empieza en la transición y son cómplices de él todos aquellos personajes que en aquella época pusieron en el mismo plano los derechos de las víctimas y los verdugos.
