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5 Mundialito Antirracista
“Luchando por lo público: Experiencias cotidianas” Hablarán: CAS, Solidaridad Obrera, Asociación de Vecinos de Osa Mayor y asociaciones universitarias A las 21h paella popular
Por el presente cocurso de viviendas y por el futuro de las viviendas protegidas . No dejemos que nos engañen.
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Nos dirigimos a vosotros para convocaros a la segunda reunión de organizaciones sindicales alternativas, abierta a comitès de empresa y delegados, a organizaciones sociales y políticas.
Como sabéis, en el primer encuentro celebrado en Barcelona, decidimos impulsar un manifiesto unitario y trabajar para la realización de una segunda reunión en setiembre. Creemos que hoy es mas importante que nunca tomar contacto, intercambiar experiencias y explorar la posibilidad de realizar acciones comunes y unitarias, ya que los trabajadores/as estamos sufriendo el ataque mas brutal a nuestros derechosdesde el franquismo, ataque que se esta realizando con la pasividad còmplice de las cúpulas de los sindicatos llamados “mayoritarios”.
1): Balance desde la primera reunión de junio y Manifiesto
2): Huelga General del 29 S y continuidad
3) propuestas de funcionamiento y coordinación
Informamos que nos estamos encargando de la organización de este encuentro los compañeros del Sindicato ferroviario- Intersindical, el Comité de Convenio de TMB (autobuses de Barcelona), la Coordinadora Sindical de Madrid (CSM) Alternativa Sindical de Trabajadores (AST), Sindicato Autónomo de Trabajadores Casa de la Moneda Nueva Plataforma (SATNP), Sindicato Unitario (SU), Comisión de Trabajadores Asamblearios (CTA), Plataforma Sindical (PS) (EMT), Colectivo Obrero Popular de Roca (COP), Sindicato Unificado Independiente de Trabajadores del Hotel Meliá Castilla (SUIT) y Plataforma Sindical Independiente de Blas&Cía (PSI);y el sindicato COBAS, pero que tanto la organización como la extensión yla convocatoria son abiertas y esperamos la participación y la colaboración de todos.
Para confirmar asistencia, mandar mensaje a
comitedeconveniotmb@gmail.com
VI CONGRESO SOBRE REPUBLICANISMO
Priego de Córdoba: 10, 11 y 12 de marzo de 2011
ESPAÑA ANTE LA REPÚBLICA
(EL AMANECER DE UNA NUEVA ERA)

Por todas partes aparecen nuevos ricos que ostentan su opulencia; entre los trabajadores (en general los no especializados) y pensionistas se detectan focos de pobreza imprevistos; la clase media, en progresivo decrecimiento, pierde renta y seguridad: la sociedad está inmersa en una tempestad. Un fenómeno común a gran parte de las democracias industriales de Occidente, pero que en Italia se ha agudizado por el impacto de una paralización económica más grave y duradera que en otros mercados y por una difusión de la evasión fiscal que hace difícil mirar a los nuevos ricos como el producto de un mercado cada vez más despiadado —la «ruthless economy» (economía despiadada) teorizada por Simon Head, director de la Century Foundation— pero que en cualquier caso funciona (Head, 2003).
Este terremoto, que altera profundamente los mecanismos de distribución de la renta, acelera los procesos que están llevando a la sustancial desaparición de la «clase media» tal y como la hemos conocido en el siglo XX: poco a poco ha perdido sus señas de identidad porque las condiciones históricas que habían determinado su éxito han desaparecido. Pero también se debe a otros factores: sobre todo el fin de la era de las expectativas crecientes, en la que quien no estaba ya «tocado» por el bienestar se sentía, en cualquier caso, «en lista de espera » y no excluido; el final de las seguridades ocupacionales y también el impacto en la estructura social de mecanismos de mercado cuyas señas de identidad se modifican continuamente debido a la evolución tecnológica.
En muchos países la difusión de la oferta de productos y servicios «low cost» («de bajo coste»), al aumentar sensiblemente el poder adquisitivo de los salarios, empieza a tener más peso que una reforma fiscal o que el welfare (bienestar). Por lo tanto, tiende a sustituir las viejas estratificaciones de intereses en torno a los mecanismos de redistribución gestionados desde el gobierno por una masa indiferenciada: una «clase que ya no es clase» compuesta por sujetos que, cada vez más, piden ser tutelados como consumidores, además de cómo contribuyentes y como perceptores —actuales o potenciales— de pensiones, asistencia y ayudas de distintos tipos. Este inmenso milieu social limita, por abajo, con las «nuevas pobrezas» de los trabajadores no especializados que se encuentran compitiendo con la mano de obra de los países en vías de desarrollo y, por arriba, con una gran clase acomodada compuesta por los ricos «consolidados» y por la burguesía del conocimiento.
El declive de la clase media no es ciertamente un relámpago que llega sin avisar: en 1985 (Rosenthal, 1985), el economista del departamento de estadística del Ministerio de Trabajo estadounidense Neal H. Rosenthal se preguntaba si ya se había iniciado —como lo habían denunciado otros— una polarización de las rentas con la consiguiente progresiva reducción de la clase media y la creación, por un lado, de una gran masa de ricos y, por otro, de un ejército de nuevos proletarios. Su análisis lo llevaba a concluir que hasta ese momento no se había verificado nada parecido. Añadía, sin embargo, que los procesos de desindustrialización —entonces apenas iniciados— y el desarrollo de las nuevas tecnologías de alta rentabilidad podrían provocar un fenómeno de este tipo a partir de la segunda mitad de los años noventa.
Sus previsiones se han revelado bastante exactas, como también la convicción —con visión de futuro, puesto que en 1985 todavía estábamos en la era pre-Internet, Microsoft era una pequeña empresa y Bill Gates estaba empezando a monopolizar los ordenadores personales mundiales con su nuevo sistema operativo— de que las industrias «high tech» («de alta tecnología») favorecerían una polarización de las rentas.
Otras voces se han dejado oír en los últimos años: precisamente a mediados de los años noventa (julio de 1997), Rudi Dornbusch, economista del Massachusetts Institute of Technology (MIT), célebre por sus análisis mordaces y un lenguaje rudo y socarrón, publicó Bye bye middle class, un ensayo en el que preveía la inminente desaparición del «big government » («gran gobierno») (la tendencia de muchos gobiernos a incluir en la esfera pública la mayoría de los servicios dados a los ciudadanos y también una porción considerable de las actividades productivas), del welfare state (estado del bienestar) y de la propia «clase media, acostumbrada a la comodidad, por no decir a la pereza». Dornbusch era consciente de que la abolición del estado del bienestar era un desafío que los gobiernos no sabían cómo afrontar. Advertía, sin embargo, que los políticos debían empezar a prepararse para los tiempos difíciles, en los que la competición entre sistemas y empresas, las privatizaciones y la globalización, además de algunas innegables ventajas económicas, producirían también graves problemas sociales, empezando, precisamente, por una reducción de las rentas del trabajador no especializado. Un desafío políticamente difícil, sobre todo para una Europa sacudida, por un lado, por las «inevitables desigualdades y la coexistencia de millonarios enriquecidos gracias a las tecnologías, mientras, por el otro, los electores de la antigua clase media se sienten aislados». Así pues, Dornbusch pronosticaba desde entonces una navegación tempestuosa por democracias que se ven obligadas a ajustar cuentas, al mismo tiempo, con un aumento de las desigualdades y una difusa seguridad económica. Veía sólo una luz en el horizonte: la inminente llegada del euro como «oportunidad para una nueva y dinámica visión de Europa». Si estuviese vivo aún, quién sabe qué abrasivas ironías reservaría a la Europa de hoy, en plena crisis económica, institucional y de liderazgo político.
Una crisis que puede empujar a los gobiernos del Viejo Continente a ignorar o subestimar el problema de la reinterpretación, además del saneamiento financiero, de sistemas de bienestar que se han construido basándose, sobre todo, en la capacidad contributiva de la clase media: sistemas que están por lo tanto perdiendo la «constituency» («los electores potenciales ») de referencia. Quizá se podría incluso afirmar que estos sistemas han perdido parte de su legitimación política original porque era precisamente la clase media el principal mantenedor político de una infraestructura pública que tenía como finalidad la reducción de los riesgos y las inseguridades de la vida individual y colectiva. Aquí existen, obviamente, problemas de garantías mínimas irrenunciables, de derechos que tutelar, de nuevos equilibrios entre libertad y seguridad (el trabajo autónomo ofrece más libertad pero menos garantías). Y también existe la necesidad de proyectar cualquier reforma a largo plazo.
Pero el problema no radica sólo en el volumen de los recursos financieros disponibles: es importante también el modo en que estos derechos se tutelan. Un sistema de garantías sociales al servicio de las necesidades de una sociedad «desclasificada » sólo puede ser, al menos en parte, original. La forma de organización y las modalidades de funcionamiento de una administración pública pensada para servir a los intereses de la economía material tienden, por ejemplo, a uniformarse en este contexto: la cosa pública en los tiempos de la producción industrial repetía lógicas y modelos de la industria pesada y de masa. Hoy, en una sociedad que tiene la etiqueta del cuaternario (es decir, obtiene valores de los servicios innovadores ofrecidos por encima de los básicos), la ayuda que se pide a la administración tiene que ver con la rapidez y la flexibilidad de proceder, así como con el volumen de los servicios producidos.
La filosofía del consumo de bajo coste, en definitiva, llegará inevitablemente a la esfera pública: lo que significa que quien gobierna el Estado deberá repensar la oferta pública teniendo en cuenta la menor disponibilidad de la clase de la masa para mantener la carga de su financiación. En otras palabras, tendrá que emerger la capacidad de dar vida a un verdadero y propio bienestar de bajo coste.
Traducción del italiano Cuqui Weller


Un cinéfilo adolescente en el franquismo es el subtítulo de La Huella en los ojos. El cinéfilo es el autor. Este libro consiste por ello en una memoria autobiográfica. Y en cierto modo documental. Al texto -recuerdos, películas, vivencias- acompaña siempre el contexto: Anuncios, noticias, curiosidades, dolores, sorpresas, escándalos, pruebas de que aquellos años oscuros fueron reales. Aunque hoy parezcan una pesadilla. Los cines existían, para descanso y engaño del adolescente en cuestión, pero la verdad de fuera, de alrededor, de encima y de abajo, el país y su precariedad, sus mordazas, sus absurdas formas de vida, no eran menos verdad. Cotejando ambas realidades, la de la vida y la del sueño, transcurren más de diez años de franquismo. Todo él fue posguerra. Y lo que duraría, más allá de los márgenes de esta crónica. Una larga guerra cruenta precedió a una lamentable posguerra interminable. Pero quienes lo disfrutaron lo saben: Ahí estaban los cines. Donde comer pipas, ver películas, y coger, con suerte, la mano al chico o chica que les gustaban. En la pantalla Rita Hayworth, Cantinflas, Stewart Granger, Carmen Sevilla... En las butacas -o en entresuelo, o en general- ellos, nosotros, el autor, bebiendo mentiras. Con las que se pudo sobrevivir. La memoria de unas películas, de unos espectadores, pero también de unos locales que en su mayoría ya no existen. Aquí se recogen muchos de esos fantasmas. Y desde la doble perspectiva de la capital y la provincia. Fiel a su experiencia personal, Juan Tébar sitúa la acción en La Coruña y en Madrid, dos tramas paralelas, coincidentes, o consecutivas, que comparten el material fílmico, el duelo y la resignación del país, y las ilusiones que a veces se conformaban con ver nadando a Esther Williams o batiéndose en duelo a Scaramouche. José Luis Borau, uno de los mejores conocedores de todo aquello, nos hace el honor de prologar esta memoria.
Se puede adquirir al precio de 22 euros a través de
La Librería de El Sueño Igualitario
libreria@cazarabet.com
Tlfs. 978 849970 - 686 110069
Se puede adquirir al precio de 35 euros a través de
La Librería de El Sueño Igualitario
libreria@cazarabet.com
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El último cuarto del siglo xx fue una etapa de destacadas transformaciones en la economía española. El fin del período de elevado crecimiento de los años sesenta, la crisis económica, de una gravedad desconocida en el último medio siglo, la adhesión a la Unión Europea, la fuerza del proceso de globalización y la internacionalización de la economía fueron los hitos más relevantes del período. Este libro trata de explicar cómo la economía española afrontó las anteriores transformaciones y consiguió unos niveles de vida cercanos a los de sus vecinos europeos. Pero es también un análisis de las limitaciones que impidieron una mayor convergencia de la renta per cápita española con la de las economías más avanzadas y que explican las dificultades para hacer frente a la crisis actual que se inició en el año 2007.
Se puede adquirir al precio de 12 euros a través de
La Librería de El Sueño Igualitario
libreria@cazarabet.com
Tlfs. 978 849970 - 686 110069
144 páginas
11,5 x 16,5 cm
Dentro de la colección de textos escogidos El arco de Ulises, aparece esta pequeña joya que recoge dos textos escritos por el premio Nobel de Literatura, Günther Grass, a propósito de las consecuencias morales, políticas y sociales de la Segunda Guerra Mundial.
Escribir después de Auschwitz:
El horror de los campos de concentración nazis llevó a Theodor Adorno a decir: «...escribir un poema después de Auschwitz es una barbaridad, y eso afecta también a la conciencia de por qué se ha hecho hoy imposible escribir poemas». En este texto estremecedor, Günter Grass parte de la conciencia de esa imposibilidad para recordarnos que la barbarie sucedida en esos campos supone una cesura y una quiebra irreparable en la historia de la civilización. Y que ningún sentimiento nacional, por muy idílicamente que se coloree, puede relativizar ni eliminar esa experiencia. Sí, se ha vuelto a escribir después de Auschwitz, pero nunca, nunca, se podrá pasar por alto.
El discurso de la pérdida:
Este es el texto de una conferencia pronunciada por Günter Grass en 1992, en la que tomó la reunificación alemana como punto de partida para realizar una sangrante reflexión sobre los peligros del racismo para el futuro del país. Y la conclusión, entre otras cosas, sugiere que quizá sea esa misma sensación de extrañeza entre los propios alemanes, esa paradójica pérdida de su identidad, la verdadera causa de ese incomprensible odio hacia el otro, el extranjero, que está invadiendo como un cáncer a la nación en su conjunto.
Günter Grass, novelista, ha obtenido el Premio Nobel de Literatura en 1999. Es autor, entre otros muchos textos narrativos, de El gato y el ratón, El rodaballo o El tambor de hojalata.
Blas de Otero murió en 1979 en su casa de Majadahonda de una embolia pulmonar. Por fatalismo o desmemoria, el poeta que luchó contra el franquismo murió al comienzo de una transición que no pudo ver en él al poeta de la democracia. Su último libro publicado fue Historias fingidas y verdaderas (1970), innovador compendio de poemas en prosa, pero desde entonces hasta hoy sólo han aparecido unas pocas antologías y reediciones de sus libros más antiguos. Una injusticia histórica que corrige la editorial Galaxia Gutenberg con la publicación de Hojas de Madrid con La Galerna, el mítico libro que Blas de Otero (Bilbao, 1916) dejó inédito a su muerte, y con el anuncio de la próxima edición de sus Obras completas en la misma editorial. Ambos en edición de Sabina de la Cruz, compañera de Otero en sus últimos años de vida y albacea de su legado literario.
Durante 30 años el anuncio de la publicación de estos libros, siempre desmentido, dio que hablar en los corrillos literarios. De los 306 poemas de Hojas de Madrid con La galerna, apenas un centenar había aparecido disperso en antologías y revistas. Y en los años noventa, La galerna figuraba como segundo título de una colección, Prensa de la Ciudad, que inauguró Agenda, de José Hierro. Pero de nuevo, razones ocultas que se han convertido en especulaciones sobre el rigor de la albacea para no deformar la imagen del poeta, impidieron la publicación.
La lenta recuperación de su obra nos ha dado un Blas de Otero reducido a los planes de estudio: el poeta ?desarraigado? de sus libros de posguerra (reunidos en Ancia) y el poeta social de su trilogía iniciada con Pido la paz y la palabra. Un escritor que escribía ?como hablaba? (con la difícil sencillez de quien corrige mucho), amante de una tradición viva (del Cancionero a Machado) y activista de la palabra contra la dictadura. El poeta que escribía para un pueblo que no leía poemas. Pero Otero fue un autor más complejo que jugaba a perderse (por el terreno y por la literatura) para enriquecer una de las voces más reconocibles de la poesía española. Vagabundeo que no ha ayudado a la simplificación de un corpus.
Precisamente de vuelta de uno de sus viajes, de su regreso de Cuba donde se había casado y había vivido tres años, surge Hojas de Madrid. El primer poema anuncia el tono seco de todo el libro: ?En una clínica./Recién operado en una clínica, fumo, me peino, pienso/en nada?. Le han extirpado un tumor y la poesía se convierte en un diario descarnado de su recuperación.
Como en algunos de los mejores poemas del siglo XX (los textos finales del italiano Eugenio Montale o la obra del argentino Joaquín Giannuzzi, ambos tocados por la muerte), la poesía pierde la retórica: aquí se cuela el día a día sin idealizar, sus viajes, mítines, las noticias de la guerra de Vietnam, la memoria, los barrios de Madrid, una sinfonía de Schubert. Una cotidianeidad con el acento de la enfermedad (?la maldita insulina?), de un duro divorcio (?aquella muchacha que se casó conmigo,/un poco mulata y muy sentimental?) y la promesa de un nuevo amor con Sabina de la Cruz.
En esta autobiografía psíquica en verso destaca La galerna, que toma su nombre de un temporal del Cantábrico y se convierte en una crónica de las depresiones, que acompañaron a Otero desde su juventud, y de la difícil relación entre la vida y la literatura: ?Doloroso es escribir/como vivir.?
En sus últimos años, Ángel González señalaba la importancia de Blas de Otero para la poesía de los setenta, aquella que por su experimentalismo parecía más alejada de la poesía social. Contaba que algunos poetas, como José Ángel Valente y Alfonso Costafreda, ambos exiliados en Ginebra, se alojaban en casa de Otero cuando venían a España, como tantos poetas y militantes comunistas de todo el mundo. Tenía una rara generosidad, además de un carácter excéntrico, y al parecer, a su regreso a Ginebra, una burla cruel de Valente enfrió su amistad con Costafreda, que no perdonó la falta de gratitud hacia el maestro.
Pero si González citaba a ambos poetas, que quedarían como fundadores del minimalismo expresivo, de la palabra que hiere en su brevedad, es porque La galerna y Hojas de Madrid, leídos hoy, reescriben la historia de la literatura española y anuncian esa fértil escuela marginal. Una escritura al sesgo, dañina y lírica. La actitud moral de una voz que se sobrevive a sí misma, dice poco, y espera su momento.
Público.es