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Revitalizar el movimiento vecinal para transformar Madrid. Ese es uno de los horizontes del cuaderno de bitácora del que se han dotado las asociaciones vecinales de la FRAVM para los próximos años. El próximo miércoles 17 de marzo, responsables de la organización darán a conocer el fruto de meses y meses de arduo trabajo gracias al cual el movimiento vecinal aspira a ponerse a punto para hacer frente a los problemas y responder a los anhelos de la ciudadanía madrileña.
Se puede adquirir al precio de 18 euros a través de
La Librería de El Sueño Igualitario
libreria@cazarabet.com
Tlfs. 978 849970 - 686 110069
351 páginas
21 x 14 cm
José Alonso Mallol, formó parte de una generación de alicantinos nacidos a finales del siglo XIX que influyeron decisivamente en la renovación del republicanismo español. Gobernador civil de Asturias y Sevilla, actuó decididamente contra quienes perturbaban el orden e impedían a los gobiernos republicanos llevar a cabo su labor reformista. En 1936 fue nombrado Director General de Seguridad, consciente de los peligros que acechaban a la República, colocó escuchas telefónica -cosa que se hizo por primera vez en la historia- en las casas y en los cuarteles donde conspiraban los golpistas, de modo que en mayo de 1936 pudo presentar a Santiago Casares Quiroga y Azaña una relación de más de 500 golpistas con la intención de que fuesen detenidos de inmediato, lo que habría supuesto el desmantelamiento de la conspiración. Azaña y Casares, temerosos de posibles reacciones, no consintieron tales detenciones y el golpe de Estado siguió su camino.
Tras dimitir como Director General de Seguridad, Alonso se trasladó al Norte de África por encargo del José Giral, Presidente del Gobierno, con la intención de sublevar a los rifeños y cortar el suministro de mercenarios a la rebelión. Ya no volvió a España, salvo en contadas ocasiones. Espía de los aliados, a los que facilitó una enorme cantidad de datos sobre los movimientos nazis, trabajando para la JARE, logró salvar a más de 4.000 refugiados de caer en las manos de Hitler o Franco. En 1944, tras ser condecorado por los aliados, se exilió en México donde continuó luchando contra la dictadura franquista.
Se puede adquirir al precio de 14 euros a través de
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185 páginas
21 x 15 cm
José Alonso Sellés abandonó definitivamente España en 1937 debido a las misiones que el Gobierno republicano encomendó a su padre desde agosto de 1936, en que dejó la Dirección General de Seguridad.
Dos años antes de morir, a finales de 2007, Pepo, que era como llamaban sus amigos alicantinos a José, tuvo la feliz idea de plasmar en una libreta los recuerdos de sus peripecias por España, Francia, Argelia, Marruecos y México siguiendo los pasos que el deber obligaba a dar a su progenitor: José Alonso Mallol. Alicante, siempre Alicante en el recuerdo como reflejo de una niñez perdida, Asturias, Sevilla, Marsella, Orán, Sidi-Bel-Abbes, Casablanca, el Atlántico que deja atrás el Mediterráneo querido, los ampos de concentración, Veracruz y, por fin, México D. F., patria de acogida, pero también de desasosiego y añoranza.
De aquella libreta salió este libro que ahora les presentamos, un libro que tiene la belleza de los recuerdos intactos de un niño empeñado en conservarlos, a través del tiempo, en lo más profundo del corazón como su mayor tesoro.
Pedro Luis Angosto Vélez es historiador y periodista. Entre sus libros figuran:
- Alfonso XIII, un rey contra el pueblo : raíces de la guerra civil : una mirada a través de El Socialista, 1917-1923 (2005)
- Carles Esplà, un periodista republicà : cròniques, conferències i correspondència amb Tarradellas (2007)
- La insurrección contra la inteligencia : epístolas republicanas : Carlos Esplá, Amós Salvador, Ángel Osorio y Gallardo (2007)
- José Alonso Mallol, el hombre que pudo evitar la guerra : una biografía política (2006)
- Una lealtad entre ruinas : epistolario Azaña-Esplá (1939-1940) (2003)
- Mi vida hecha cenizas : diarios 1920-1965 (2004)
- Pensamientos, sentimientos y añoranzas de un desterrado : artículos y discursos, 1931-1965 (2004)
- La república en México : con plomo en las alas (1939-1945) (2009)
- Sueño y pesadilla del republicanismo español : Carlos Esplá : una biografía política (2001)
- Unamuno, Blasco Ibáñez y Sánchez Guerra en París : crónicas de París y otros escritos periodísticos 1916-1930 (2002)
PRÓLOGO
Conocí a José Alonso Sellés durante una visita que realizó a Alicante hace ahora cuatro años. Mi padre acababa de morir y aquel hombre delgado, elegante, sencillo, avispado, a medio camino entre Vittorio Gassman y José Luis Sampedro, con su mirada y su verbo sosegado, me transmitió una tranquilidad que yo había perdido creía que definitivamente.
Paseamos por sus recuerdos. Aquí estaba la tertulia del Samper, aquí la del Iborra, por esta calle de iba a la redacción de El Luchador, por esta otra a nuestro piso frente al Principal, allí descargaban los carros las frutas y pescados del Mercado Central, aquí al lado estaba el Salón Monumental, -¿qué fue de él, como derribaron ese edificio? ¿Es que nadie sabía lo que representaba para Alicante?-. Quise explicarme, pero no necesitaba que le explicase nada, la pregunta se la hacía a sí mismo, como si a un tiempo se estuviese interrogando sobre otras muchas cosas, ¿por qué tuve que abandonar mi querida playa del Postiguet? ¿Por qué dejé de comer arroz a banda, dátiles, garrofetas, atún de zorra, ali-oli, olleta, garrapiñadas, coca de mollitas, blanquet, tortilla de patatas? ¿por qué no fui a la escuela cuando me tocaba ir a la escuela? ¿por qué construyeron el Meliá y los horrorosos edificios de mi antigua calle Villavieja, los de la Albufereta, los de San Juan? ¿Por qué destrozaron mi vida, la de los míos, la de millones de personas y no se conformaron? ¿Por qué quisieron matar a un hombre tan bueno como mi padre? ¿Por qué tuvieron que destruir también mi ciudad?
No había en su cara, ni en sus preguntas, ni en su mirada el menor gesto de rencor, de odio, pero sí de sorpresa ante un paisaje que le parecía idéntico al de cualquier barriada periférica de su periférico Distrito Federal mexicano, completamente diferente al Alicante amable, vivo, exultante, lleno de personas y de personajes, ese Alicante que recorría, desde los barrios más pobres a los más burgueses, de la mano de su padre en busca de los manjares de la ?terreta?, que no sólo daban placer a las papilas gustativas, sino al oído y al alma de la mano del ?Negre Yomá? o ?El Calamaro?, de Álvaro Botella o Lorenzo Carbonell, de Carlos Esplá o Pascual Orts, de Franklin Albricias o José Irles, de Álvaro Pascual Leone o de Germán Bernacer, de Gabriel Miró o Rigoberto Soler, de Óscar Esplá o Rafael Altamira. Y no había rencor porque a pesar de los muchos sufrimientos acumulados durante buena parte de su vida, no fue educado para odiar, sino para amar, para amar la libertad, la justicia, la belleza, la igualdad, para amar a España: Nunca he oído pronunciar ese nombre con tanta dilección, con tanto respeto como en la boca de un exiliado español, como en la boca de José Alonso Sellés: Para ellos, para él, ese nombre ?sagrado? estaba indisolublemente unido a un proyecto de progreso, de engrandecimiento de la patria, de ciudadanía que fue aplastado por las fuerzas de la sinrazón. Sin embargo, después de tantos años, para él, para José Alonso Sellés seguía siendo un proyecto añorado, vigente y vigoroso que, basado sobre todo en la educación del pueblo, sirviese para hacer de nuestro país un ejemplo para el mundo, no sólo por la riqueza material de sus habitantes, sino, sobre todo, por su riqueza espiritual e intelectual. Algo que hoy parece no importar a nadie pese al desarrollo económico descontrolado vivido en las últimas décadas.
Dotado del espíritu crítico consustancial a las personas inteligentes, de la fina ironía que caracterizaba a los naturales de esta tierra, me hizo ir a la Plaza de los Luceros. Después de mirar a su alrededor, a los cuatros rumbos, de recordar lo que podría haber sido su ciudad querida y de unas cuantas fotografías que le disparó un reportero de Información, José Alonso me dijo, -antes de venir a Alicante he pasado por Campello y San Juan, ¡¡cuanta barbarie!!, creo que deberían cambiar el escudo de la ciudad, en el cuartel de arriba tendrían que poner una grúa con sacos de cemento y ladrillos, en el de abajo, una escombrera y un señor con chistera contando dinero. Lo han destrozado todo. Sin embargo, pese a ello, daría lo que fuera por poder pasar aquí los últimos años de mi vida. Se vive bien con los recuerdos, con las fotografías que impregnan la memoria, con los olores perpetuos conservados desde la primera niñez. Mis hijos no lo descartan, aunque tienen su vida hecha allí, pero mis nietos ya son mexicanos, sólo les une un hilillo sentimental con la tierra paterna.
Hacía muchos años que no degustaba sus recuerdos, décadas. Me dijo que tenía muchísimas ganas de comer un arroz a banda. Fuimos a ello. Comía con devoción, despacio, saboreando cada grano. No quiso beber más que agua para que nada modificase el sabor de su memoria. Dueño de sus emociones, estaba entusiasmado con ese plato tan sencillo que había sido expulsado a la fuerza de su paladar. Hombre enormemente austero además de alegre, José Alonso no tomó nada más, quería retener por unos instantes el sabor de los años perdidos. Después de un buen rato, le apeteció probar ?agua de cebada?. Otro deseo extraído del desván misterioso, del lugar donde se refugian los pequeños paraísos perdidos. Anduvimos hasta Benalúa. Nos sentamos en una terraza típica. Yo ?urbanita estresado por la comodidad y la glotonería- me habría tomado varios vasos de aquella pócima mágica que tanto había alegrado la vida de los alicantinos de la diáspora, pero tuve que someterme a su ritmo pausado, a su cadencia, a su parsimonia degustadora, al ritmo de quien vivió peligrosamente durante muchos años de su vida, al ritmo de quien no teme más sorpresas que la final, al ritmo de quien todo lo perdió sin saber por qué, de quien, sin olvidarse un momento de su tierra mediterránea, tuvo que rehacerla allá donde, en circunstancias normales, nunca habría ido más que para pasar unas cortas vacaciones. En su vida ya no existía la prisa, ese vocablo había sido borrado de su particular diccionario vital. Disfrutar, saborear cada segundo, cada sorbo, cada granito de arroz, cada mirada, cada color del mar, de ese mar del Postiguet que lleva grabado a fuego en el centro de su frente.
Al despedirnos, el sol atravesaba la sierra de Fontcalent, Pepo ?que es como le decían familiares y amigos-, volvió a mirar el Paseo de los Mártires, callado, melancólico, ensimismado, taciturno? -No sé lo que daría por volver a vivir en Alicante. Apenas conozco a nadie, es otra ciudad, bastante más fea y desagradable, vulgar y anodina. ¡Tan opuesta a la que dejamos hace ya casi setenta años! Pero sigue siendo mi ciudad, mis palmeras, mi plaza de Gabriel Miró, mi Paseo de los Mártires, mi Portal de Elche, mi castillo, mi Iglesia de Santa María, mi calle Altamira, mi playa del Postiguet, mi brisa, la brisa que me ha mecido durante tantos años de ausencia? Volvería. Tal vez vuelva dentro de tres o cuatro meses para buscar una casa. Quizá me quede. ¡Cuánto me gustaría cerrar el paréntesis!
José Alonso ha escrito un pequeño ?lo digo por su extensión- libro de recuerdos. Los primeros extraídos de las conversaciones habidas entre sus padres y entre éstos y sus amigos; los segundos, a partir de los seis años, de su propia experiencia. ¿Son seis años pocos para recordar? Me parece que no. Si una persona, sin la vida tremenda que tocó vivir a José Alonso Sellés, examina serenamente qué recuerdos han perdido menos el color, si los de la niñez y la adolescencia, o los de la madurez, seguro que encuentra más nitidez, más verdad en aquellos lejanos, que en éstos próximos. Hoy se dice que para muchos habitantes de la sociedad opulenta, la adolescencia no termina hasta que mueren los padres o aparece una enfermedad de cierta gravedad, es decir, que puede alargarse perfectamente hasta la edad de jubilación. José Alonso Sellés vivió tiempos difíciles, enormemente convulsos, apenas tuvo niñez, apenas adolescencia. A partir de 1936 ?quizá antes-, niñez, adolescencia, juventud y madurez se mezclaron en un chaval que pasaba buena parte del día en las calles de Busot, Campello, Sidi-Bel-Abbés, Orán, Casablanca y México, que cogía los tranvías atestados para desplazarse de un barrio a otro de una desconocida ciudad del norte de África, que andaba descalzo, que hablaba con abogados, que visitaba a su padre en la cárcel, que convivía con nazis alemanes, fascistas italianos, franquistas españoles, colaboracionistas franceses, chivatos, vendepatrias, lumpen, gentuza, que aprendía idiomas mientras daba patadas a un balón de trapo, que arrastró los colchones familiares de casa en casa perseguido por la miseria y los asesinos, que se escondió de todo sin haber hecho nada, que vio a su padre medio muerto, que hizo del cine, los tebeos y las exploraciones por las callejuelas de las ciudades, un pequeño paraíso en el que se refugiaba siempre que las obligaciones se lo permitían.
No es la vida de José Alonso Sellés, la vida de un héroe único. Lo que nos cuenta en estas páginas ?sabiamente cortadas cuando su padre está a punto de llegar a México en un avión de la Fuerza Aérea estadounidense, cuando alguien puede relevarlo del papel de hombre de la casa y regresar a una edad que ya había dejado atrás-, es la vida de un niño que se hace mayor a fuerza de vivir situaciones límite, extremas, difícilmente llevaderas. Son las vivencias de un superviviente nato, de un niño-hombre que supo conjugar todas las edades antes de cumplir los doce años. El valor del relato, al que se podrán sacar muchos defectos de estilo, está en quién lo cuenta, lo que cuenta y cómo lo cuenta, como si fuese un niño que al llegar a una edad avanzada, ha decidido retomar la niñez interrumpida por la ferocidad fascista para hablarnos de aquellos años odiosos por boca de un niño-anciano que no guarda rencor a nadie, sólo al tiempo perdido que no volverá.
Hemos intentado corregir algunos aspectos de la redacción, teniendo el cuidado ?al menos así lo hemos pretendido-, de no romper el ritmo del relato que José Alonso quería transmitirnos. En este sentido, no achaquen al autor ninguno de los muchos defectos que seguro contiene este libro, les ruego que de ellos responsabilicen a quien firma estas cuartillas introductorias. Existen muchos testimonios escritos sobre la guerra incivil, sobre el exilio, pero hay muy pocos escritos por niños. José Alonso ha intentado ponerse en la piel de ese niño alicantino que casi nunca fue. No creo que le haya costado mucho trabajo, pues para los que tuvieron que abandonar su patria querida, amadísima, por la fuerza de los brutos, la vida se dividió en dos partes, una quedó en el congelador, la de los cristales rotos; la otra siguió su curso con sus momentos felices pero siempre marcada por aquella. José Alonso ha querido romper el hielo de las imágenes congeladas hace ahora setenta años.
Septiembre de 2008
Pedro L. Angosto
En la cuenca minera vizcaína, la mujer tuvo un papel activo, desempeñando diferentes ocupaciones, unas de forma directa y otras en trabajos derivados, como la atención de mineros en albergues o barracones. La mujer contribuyó a garantizar la estabilidad del nuevo sistema, ayudando a cuadrar el presupuesto familiar, y mejorando el bienestar de los individuos. Por su parte y a pesar de las leyes restrictivas, los niños, desde corta edad, fueron utilizados como mano de obra en la minería. Las penosas condiciones laborales de la época hacían necesario incrementar el salario familiar con el trabajo de los niños en las propias minas.
Se puede conseguir gratis en:

Una Balsa de Piedra Camino de Haití
Mis palabras son de agradecimiento. La Fundación José Saramago tuvo una idea, loable por definición, pero que podría haber entrado en la historia como una buena intención, una más de las muchas con que, dicen, está pavimentado el camino del infierno. La idea era editar un libro. Como se ve, nada original, por lo menos en principio, que libros no nos faltan. La diferencia estriba en que el producto de la venta de éste se va a destinar a las victimas sobreviviente del terremoto de Haití. Cuantificar tal ayuda, por ejemplo, en la renuncia del autor a sus derechos y en una reducción del lucro normal de la editorial, tendría el grave inconveniente de convertir en mero gesto simbólico lo que debería ser, en la medida de lo posible, algo provechoso y sustancial. Ha sido posible. Gracias a la inmediata y generosa colaboración de las editoriales Caminho y Alfaguara y de las entidades que participan en la elaboración y difusión de un libro, desde la fábrica de papel a la tipografía, desde el distribuidor al comercio librero, los 15 euros que el comprador gastará serán entregados íntegramente a la Cruz Roja para que los haga llegar a su destino. Si alcanzáramos un millón de ejemplares (el sueño es libre) serían 15 millones de euros de ayuda. Para la calamidad que ha caído sobre Haití 15 millones de euros no es nada más que una gota de agua, pero como La balsa de piedra (éste es el libro elegido) será publicada, además de en Portugal, en España y en el mundo hispánico de América Latina, ¿quién sabe lo que podrá suceder? A todos los que nos acompañan en la concretización de la idea primera, haciéndola más rica y efectiva, nuestra gratitud, nuestro reconocimiento para siempre.
Entre 1270 y 1400 hubo en el pensamiento político un proceso de elaboración de las ideas de soberanía, origen secular y legitimidad popular del poder, nucleares en la teoría política moderna, paralelo al que se dio en las letras y las artes con los pre-humanistas y los pre-renacentistas. Durante la Baja Edad Media se abrió paso una relación entre la Iglesia y los gobiernos, distinta de la tradicional, que exigía otra explicación del poder y marcó el horizonte de la teoría política.
El libro presenta los hitos del nacimiento de esa explicación laica del poder, en pugna con la doctrina teocrática del sumo poder pontificio. Expone a los autores que defendieron la legitimidad del gobierno secular a principios del siglo XIV: se fija en Juan de París y el entorno del rey francés, Felipe IV el Hermoso, y en los más conocidos partidarios de la separación del poder imperial y el poder religioso, Dante y Ockham; destaca, sobre todo, en Marsilio de Padua, el primer cristiano que se atrevió a excluir por completo al clero de la organización de la vida social y a sostener el fundamento solo racional del poder; y hace el contrapunto con los defensores de la teocracia papal, entre ellos, los españoles, Álvaro Pelayo y Francesc Eiximenis. También ofrece las teorías de Oresme y Wiclef, partidarios de iglesias nacionales autónomas de Roma, y resume el papel del derecho en la maduración del pensamiento político, desde la creación de la ciencia jurídica hasta Bartolo de Saxoferrato y Baldo.
Índice:
1. El poder del rey y el camino a la soberanía
Instituciones y leyes como bases del reino. La justificación del poder estatal con Federico II. El conflicto de Francia con la Iglesia Romana.
2. La culminación del supremo poder del Papa
La doctrina de la “plenitudo potestatis”. El papel de la Donación de Constantino. La teología política de los dos poderes. El apogeo hierocrático y su expresión en Egidio Romano y Bonifacio VIII.
3. La autonomía del poder civil en el pensamiento francés
Los escritos de la corte de Felipe IV, el Hermoso. La ‘vía media’ de Juan de París. El tránsito al galicanismo.
4. La lucha final entre el Emperador y el Papa por la supremacía universal
La guerra civil en el Norte de Italia. El espejismo de la restauración imperial con Enrique VII según Engelberto de Admont. La Monarquía universal de Dante. La doble derrota de la última batalla entre Luis de Baviera y Juan XXII.
5. El gobierno de las ciudades
Nacimiento y consolidación del Comune. El triunfo del ‘popolo’. La Señoría como resultado de la crisis del modelo republicano. Tensión entre el gobierno civil y el clero en Padua. Literatura varia sobre el gobierno de la ciudad.
6. El origen racional y laico del poder en Marsilio de Padua
Filósofo político por antonomasia. Un programa para destruir el poder pontificio. La primera teoría laica de la ley. La unidad del poder o la indivisibilidad de la soberanía. La Iglesia de Estado como alternativa al dualismo.
7. La reacción contra el secularismo marsiliano
La refutación de Agustín Triunfo. La condena oficial de los errores de Marsilio. El pensamiento teocrático hispano: Álvaro Pelayo y Francesc Eiximenis
8. Las ideas políticas de Guillermo de Ockham
Las aristas teológicas y jurídicas de la pobreza franciscana. Documentos de los franciscanos en la corte imperial. La transformación de Ockham en escritor político. La naturaleza del poder temporal La verdadera autoridad del primado romano. Los límites del poder ante la libertad de los cristianos.
9. La concepción nacional del poder frente a la ‘catolicidad’ Romana
Economía nacional y representación parlamentaria en Nicolás de Oresme. La teoría del dominio y el oficio del rey en la reforma de Wyclef.
10. Raíces de la política de los juristas
El nacimiento la ciencia jurídica y primeras lecturas políticas. Los decretistas y decretalistas del derecho canónico. Los comentaristas y la formulación política de Bartolo de Saxoferrato.
Prólogo de Gabriel Cardona. El frente extremeño, considerado tradicionalmente como un frente secundario -alejado de las grandes batallas de la guerra civil- es el objeto de este estudio, que sigue con abundante documentación, tablas, mapas y fotografías la evolución del ejército republicano en Extremadura, desde el golpe de estado de julio de 1936 hasta la caída de la Bolsa de la Serena, en agosto de 1938: la consolidación de un ejército que crece desde la milicia popular y se integra en las grandes unidades leales a la República.
José Hinojosa Durán ha escrito un libro riguroso, ágil y muy documentado, que no descuida la atención a la vida cotidiana y al imaginario castrense tan de la época, un estudio de historia en la tradición anglosajona que sirve de complemento, contrapunto y soporte a las abundantes publicaciones sobre la memoria histórica.
Tomaron el Palacio de Invierno, y al grito de "¡Todo el poder a los sóviets" iniciaron una gesta que conmovió al mundo, y que llenó de esperanza y fervor revolucionario a los trabajadores y de pavor a la reacción por doquier.
Premio de novela Antonio Machado de la editorial Ruedo Ibérico en 1962, Año tras año se nos presenta como un fresco de la posguerra en Madrid, una novela marcada por un estricto valor documental y una técnica objetiva que la aleja de superficialidades y añadidos. A lo largo de estas páginas nos topamos con personajes representativos de la época que van configurando la visión de una época; los obreros y sus condiciones de trabajo, la supervivencia de la gente sencilla, el falangista desengañado, el viejo luchador anarquista? formando así un relato de 15 años de la historia de España a través de un estilo apegado a la ?novela colectiva?; en palabras del propio autor ?más que de personas determinadas, de personas en situación?.
Se puede adquirir al precio de 10,20 euros a través de
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